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Un 300 sin mayor misterio

Escrito por Luis Ferreira el . Publicado en Grandes relatos

En los inicios de nuestro deporte el objetivo último en cuanto a vuelos de distancia era conseguir los 50km, hoy en día nuestro deporte ha evolucionado tanto en cuanto a técnica y en cuanto a materiales que ya existe homologado al menos un vuelo de 2.000 km (sin motor!!!). En lo relativo a los vuelos de distancia en planeador la FAI ha ido “santificado” determinados números hasta otorgarles un cierto sentido mágico, quien más, quien menos, todos los que estamos metidos en este mundo hemos hablado o oído hablar de los 50Km necesarios para el “C” de plata, del “300” para el “C” de oro, el “500”, los ansiados “1000” (que hasta ahora solo han conseguido dos españoles) y por último el que hasta ahora es el no va más en vuelo a vela, los “2.000”.

Es evidente pues que atreverse a escribir a estas alturas sobre un vuelo de 300 Km carece de sentido pues todos los años se registran un buen número de ellos. Quizás lo único que puede justificar semejante osadía es el hecho de haberse realizado fuera de la zona centro y sobre todo por un novato que cumple sus 200 horas de vuelo camino del segundo punto. Hacer un 300 hoy en día no es noticia a no ser que se haga realmente rápido, el record mundial esta ahora mismo en 186 km/h de velocidad media, mientras que mi record personal se aproxima a la apabullante cifra de 67 Km/h. En cualquier caso motivado por alguno de los socios de mi club y sin negar un cierto sentido de inmodestia y satisfacción personal me he decidido a describirlo.

Durante su última estancia en Monflorite nuestro buen amigo Pepe Gresa nos comentó multitud de anécdotas de sus vuelos en Australia y Nueva Zelanda. Uno de esos días y con los pies más próximos al suelo de lo habitual empezamos a hablar de las posibilidades de realizar un 300 desde Monflorite para un pardillo con menos de 200 horas de vuelo. El triángulo Monflorite-Campo-Sangüesa-Monflorite tiene a su juicio muchas ventajas: Es seguro puesto que en todo momento sobrevolamos zonas en las que tenemos campos aterrizables localizados y no precisa de un día especialmente bueno. Aunque a todos nos resulta más atractivo hacerlo más hacía el norte es innegable que para ello hay que conocer muy bien las circunstancias y aerología de cada valle, y que además siempre hará falta contar con un día de techos bastante más altos que lo habitual, en definitiva, ...para abrir boca, Campo-Sangüesa me resulta más que suficiente.

El pasado 6 de mayo pareció amanecer propicio y ya desde el principio pensé en cargar el ASW19 de agua (que por cierto hasta entonces nunca había sido capaz de mantener durante más de veinte minutos) para aumentar de este modo la carga alar y poder avanzar con más velocidad aunque fuese a costa de sacrificar mi capacidad de ascenso en térmica. Dado que el club dispone de un logger opté por utilizarlo, no tanto pensando en la posibilidad de completar el vuelo pero si en que había que empezar a intentarlo y en todo caso para conocer un poco mejor la ruta.

El primer problema tuvo una solución radical, ...mi socio había tenido una idea parecida a la mía y nos encontramos en el campo cuando se suponía que estaba en Barcelona. Tras el tira y floja habitual por el medio avión del contrario la solución es simple, ...el no vuela y yo a cambio le aseguro que el domingo saldrá incluso mejor que hoy (gracias soci, ...otra vez será).

Como ya es habitual el tiempo se me echa encima y entre preparar el avión, sacar el resto de material del club y un remolque que me toca hacer al Pirat no despego hasta bien pasadas las dos de la tarde y habiendo perdido ya casi dos horas. La Rallye del club me suelta con 560 m en la vertical del campo (con esto de los logger se simplifican los trámites pero cada vez resulta mas difícil mentir).

Me cuesta subir, no se si se debe al agua, a que estoy especialmente torpe o a que el día no es tan bueno como parecía (impresión que había sacado del remolque que había hecho minutos antes). Con algo más de 1.000 m sobre el campo decido probar suerte y pongo rumbo hacia la Sierra de Guara, las socorridas laderas de Santa Eulalia no parecen estar por la labor. De todos modos y más mal que bien voy logrando altura y comprobando que parece vamos a tener un día relativamente bueno pero con techos de no más de 1.400 m.

Mientras tanto compruebo por la radio que la zona se esta empezando a poblar de aviones del club: Pedro Toquero con el ASW20, Alberto con el Speed Astir, Llorens con el DG400 (parece que sin motor), Félix con el Pirat, Ricardo con el Libelle ....y mi socio con uno de los Twin. Sólo quedan en tierra el otro Twin el Astir Jeans y el Blanik. Pedro me anima a seguir adelante y finalmente nos decidimos a pasar la cara norte de Guara y poner rumbo hacia Campo el resto no se decide y terminan por decantarse hacia Riglos.

Es curioso que siempre me sorprenda lo cerca que aparenta estar Aínsa, el camino es sencillo y aquí los techos suben hasta los 1.500 m. La obsesión de volar junto a Peña Montañesa me hace llegar hasta ella bastante por debajo de su cumbre para que además no funcione como esperaba, así que decido lanzarme hacia las soleadas laderas de Sierra Ferrera. ...Y esto si, volando pegadito a la cresta consigo recorrer sus 15 Km a no menos de 130 Km/h e incluso ganar altura. Desde ahí, Campo esta a tiro de piedra y tras solo tres kilómetros más el logger pasa a marcarme el siguiente objetivo. Sangüesa, 139 km.

Vuelvo por donde he venido corriendo sobre las piedras de Sierra Ferrera, aunque esta vez sin lograr superar la cumbre hasta una buena ascendencia que encuentro en Peña Montañesa y que me lleva hasta los 1.900 m que suponen el techo del vuelo. Desde aquí el panorama hacia el oeste no es bueno, ....el día parece cerrarse y así nos lo confirman los que ven el panorama desde Guara, me uno de nuevo con Pedro y cruzamos el Ara dejando Boltaña a nuestra izquierda y poniendo rumbo hacía el sur para dejando la sierra de Cancias al Norte volar sobre el valle del Guarga y evitar de este modo la tormenta que parece estar descargando sobre el valle del Ara.

El trayecto resulta fácil, siempre pegado a las barbas de las nubes y con velocidad, prácticamente no perdemos altura y no nos vemos obligados a parar hasta encontrarnos a la altura de Sabiñánigo. A partir de aquí seguimos el curso del Gállego dejando Oroel y San Juan de la Peña a nuestra derecha. Llego al puerto de Santa Bárbara con 1.200 m y un ojo puesto en el aeródromo de Santa Cilia. Una curiosa nube que en principio parece tener el techo a 1.500 m pero que termina subiéndonos hasta los 1.800 en la zona de barlovento y sin meternos en ella termina de decidirnos y continuamos con nuestro objetivo.

Nunca había experimentado la sensación de tener que esquivar las barbas superiores de las nubes, ...es evidente que el techo es de 1.500 m salvo para la nube que acaba de llevarnos hasta los 1.800. En un par de ocasiones pierdo de vista las puntas de ambos planos sin dejar de ver hacia el frente, el tener que buscar camino entre nubes a modo de slalom resulta indescriptible.

De repente Pedro me indica que le esta lloviendo con mucha intensidad y que se ha quedado a solo 600 m del suelo y a todavía 10 km de Sangüesa, yo voy algo más al sur y apenas me mojo pero pese a eso los dos perdemos mucha altura y vemos el objetivo prácticamente azul. Una térmica salvadora nos remonta de nuevo hasta los 1.400 y nos permite hacer el punto. El logger no cesa de exigir mas esfuerzo y sin tener en cuenta ni la hora ni las muestras de debilidad que empieza a dar el día nos sigue poniendo deberes: La vuelta a casa, ...98 km por delante.

Al suroeste de Sos del Rey Católico volvemos a engancharnos y remontamos de nuevo hasta los 1.500 m, siguiendo la calle de nubes al sur de la Sierra de Santo Domingo, avanzamos e incluso ganamos altura, ...pero todo se acaba y ante nosotros solo tenemos un mar azul y 50 km por delante. Pedro decide continuar rumbo a Ayerbe mientras que yo me decanto por alargar el recorrido y mirar hacia Riglos buscando las laderas de la Sierra de Loarre, llego con menos de 800 m sobre Monflorite teniendo que mirar hacia arriba para ver los coches que están en el despegue de las deltas y parapentes sobre el Pusilibro, el viento de sureste hace funcionar las laderas y consigo avanzar kilómetros incluso ganando algo de altura. A la altura de Puibolea encuentro la energía que sabía empezaría a echar de menos en el momento que tuviese que abandonar la protección de la sierra para poner rumbo hacia el campo. Un “2” integrado me lleva hasta los 1.200 que contando con que sigo manteniendo el agua y los escasos 25 km que tengo por delante ya considero suficientes para terminar la tarea.

Continúo la sierra y a la altura del Salto de Roldan y con 900 m me dirijo hacia el campo. Pedro llega diez minutos antes que yo y termina el vuelo con una pasada sobre la pista, ...yo tengo la habilidad de hacer coincidir mi llegada con la de un paracaidista saltando en tandem. Eso, unido a que llego al campo con solo 300 m. me obliga a tener que soltar el agua y a hacer una toma mucho más anodina de lo que hubiese deseado tras 4 horas y 46 minutos de vuelo.

...Y esta es la historia de un vuelo sin más historia, al abrir la cabina y mientras me echan por encima el agua que no me he bebido me informan de que por el hecho de haber sido prefijado tengo además el diamante FAI correspondiente, ...bienvenido sea.

La sensación que he sacado de este vuelo no es la de haber hecho ninguna hazaña, al contrario, ha sido más fácil de lo que esperaba y lo considero perfectamente al alcance de cualquier persona con una experiencia similar a la mía o incluso inferior. Es tranquilizador volar siempre dentro de un entorno conocido aunque reconozco agradecer los paseos en coche para reconocer los campos (aunque evidentemente nadie me garantiza que en el campo que tenía en mente no se este realizando una carrera de cosechadoras o que lo hayan sembrado de aspersores).

Sin embargo, mientras no consiga la ganancia de altura de 3.000 m sigo sin ser merecedor del “C” de oro, ...lástima no haber caído en ello antes de pagar la cena.

Luis Ferreira

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