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El vuelo soñado

Escrito por Jesús Broto el . Publicado en Grandes relatos

Monflorite, Campeonatos de España del 93.


Todos hemos soñado alguna vez con un vuelo ideal. En nuestro deporte no es fácil que se den las condiciones idóneas para considerar perfecto un día de vuelo, pero casi todos recordamos algún vuelo en especial por las sensaciones que despertó en nosotros.

Este vuelo no fue perfecto por la climatología pero si por el resultado, pues pude cerrar un circuito que por un cambio meteorológico brusco se había puesto muy difícil y me sirvió para comprobar hasta que punto casi épico se puede uno mantener en el aire.

Los Organizadores plantearon un circuito largo Monflorite- Puentelarreina- Campo- Benabarre aeródromo- Presa de Ardisa-Monflorite de 320 kms. ante una meteorología clásica para un día de Julio, viento del W-SW flojo con 3/8 de cúmulos y temperaturas previsiblemente altas 32-34º .

El cielo sobre el aeródromo antes del despegue era perfecto. Pequeños cúmulos con bases a 2000 m bajo un cielo azul sin círrus. Los despegues se sucedieron con rapidez y yo con mi ASW17 salí de los últimos. Me solté enseguida despidiendo a mi remolcador después de cruzar varias térmicas violentas y me quede en la última subiendo centrado a 3/ms . El día pintaba bien.

Me concentré en la térmica tratando de alcanzar la base de mi cúmulo, pero al acercarme a ella a 1800 m observé como por el oeste el cielo se había quedado repentinamente libre de nubes. Como cortados por un cuchillo la línea de cúmulos se extendía ahora desde el borde de la ladera de Monflorite hacia el este. La Sierra de Guara estaba totalmente limpia y mas allá se percibían con nitidez los altos relieves del Pirineo también sin nubes. El detalle no me pareció importante así que aprovechando la térmica con la máxima altura tomé la salida .

14.30h . Puse mi avión a rumbo del primer punto y con altura suficiente me dirigí hacia Guara. Las comunicaciones radiofónicas eran de lo mas variado pero poco a poco fueron tomando un tinte pesimista. La clase club y la estandar parecía que lo estaban pasando bastante mal por la sierra.

Realmente mientras me aproximaba, la cresta superior de Guara subía cada vez mas rápido, así que aceleré el paso dirigiéndome por encima de Arguís hacia las antenas que dominan la cresta. El descenso se hacía alarmante. Llevaba 20 kms de planeo sin haber notado nada mas que turbulencia descendente. El jaleo por la radio iba en aumento, y se comenzaron a cantar fueras de campo en las proximidades de Ayerbe.

Estaba llegando a la cresta y seguía descendiendo a toda velocidad. ¡¡Demonios, ¿donde estaba el suave viento del SW?. Había que decidirse, o cruzar la cresta y pasar al lado norte rozando los pinos , o regresar hacia el llano del sur de la sierra mientras se pudiera. Al levantar la vista de los instrumentos pude ver con claridad como largas lenguas de nubes rebosaban sobre los altos relieves del Pirineo desde el norte, signo inequívoco de que el viento había cambiado y ahora era Norte.

A escasos metros sobre el suelo tanteé la cresta y comprobé que había en efecto ladera
Norte. La barahúnda de llamadas y avisos de fuera de campo continuaba. En ese momento al menos cinco veleros estaban ya en el suelo todos al sur de la sierra. El aspecto del lado norte no era nada prometedor. Un cielo impecablemente azul y transparente sin una nube se extendía en dirección a mi punto de viraje. Quien haya pasado no muy alto al lado norte de Guara en dirección a San Juan de la Peña comprenderá fácilmente el porqué me encontraba ciertamente un poco aprensivo.

Al oeste de mi posición percibí un destello en el cielo azul. Un velero estaba espiralando a unos dos kilómetros de distancia. Me acerqué siguiendo la cresta de la sierra y pude comprobar que se trataba del DG 600 de Pepe Gresa. Cambiando la frecuencia de radio contacté con el .

Decidimos continuar juntos explorando aquel cielo transparente y frío tras el cambio de la situación meteorológica y después de subir un poco en una térmica rota continuamos hacia las paredes sur de San Juan de La Peña. El terreno a nuestros pies era de lo mas agreste y sin ningún posible campo practicable ,el único en la zona bien conocido por todos se encontraba en Ipies a unos 20 kms al este.
Sin muchas opciones y bajando continuamos hacia el invisible punto tras San Juan de la Peña y por fin cuando la situación comenzaba a ser realmente preocupante y cerca de la pared que por las trazas tenía que ser un fuerte sotavento, pinchamos una térmica. Volando dos aviones juntos las posibilidades de localización y centrado aumentan y sobretodo la proximidad al suelo hace milagros. Sorprendentemente a pesar de estar en una zona teóricamente sotaventada a unos dos kilómetros de la pared subíamos deprisa. Pronto comenzamos a vislumbrar el otro lado de la sierra y el Pirineo. Teníamos tantas ganas de cruzar que con unos 200 metros sobre el nivel de la próxima pared abandonamos la térmica y fue como si hubiesen abierto un gran agujero bajo nuestras alas y en pocos momentos nos vimos por debajo de la cresta salvadora y bajando a 4 m/s .

Regresamos a toda velocidad hacia donde habíamos abandonado la térmica y afortunadamente todavía seguía allí. En este segundo intento fuimos mas conservadores y con 400 metros de seguridad lo intentamos de nuevo. El descenso seguía siendo tremendo pero el plús de altura nos permitió alcanzar la cresta con unos 50 mts sobre el terreno.

Suponíamos que las cosas al otro lado serían mucho mejores pero no fue así. Había una ladera bastante turbulenta pero siempre quedaba el consuelo de la proximidad del aeródromo de Santa Cília, en aquel momento todavía sin asfaltar. Desde San Juan de la Peña el planeo hasta el primer punto, Puentelarreina 15.32h fue sencillo pero descendente, de tal modo que al regresar a la ladera volvíamos de nuevo a estar muy bajos.

La situación era poco agradable. Habíamos llegado al primer punto pero el día con viento norte frío parecía francamente malo y las alturas que alcanzábamos eran ínfimas en una zona de la que esperábamos mucho mas. Como no había otra posibilidad continuamos hacia el segundo punto, Campo, siguiendo las laderas hacia el este.

Delante de Jaca me quedé muy bajo y perdí de vista a Pepe. Me enganché en una turbulencia encima de la carretera que cruza la Peña Oroel y a pesar del zarandeo conseguí subir poco a poco virando muy cerrado delante de una arista que conduce a la cumbre. En uno de los virajes lo vi un poco mas alto ya cerca de la cresta superior iniciando la transición hacia Sabiñanigo. Como no quería quedarme atrás planeé directamente hacia la ciudad abandonando las laderas a ver si el valle tiraba mejor, pero todo bajaba.

Crucé Sabiñanigo casi encima de los tejados y vi una piscina con gente bañándose y asoleandose indiferente a mi apurada situación. Sentí envidia. Recibí entonces por la radio un curioso mensaje de parte de Pepe. ”Animo Jesús, veo al otro 17 muy bajo encima de Sabiñanigo”. En la competición había otro ASW17.Yo lo busqué por todos lados y no lo vi. Al que si vi fue a Pepe bastante mas alto que yo. Era indudable que me había confundido con el otro. “Soy yo Pepe ..soy yo” dije amargamente. Había que tomar decisiones . Estaba a 100 metros del suelo al este de Sabiñanigo con la mano crispada apretada sobre la palanca. Veía bastantes campos posibles y bastantes líneas de alta tensión así que elegí uno situado al pié de la ladera del Oturia . Al acercarme a la ladera noté claramente que empujaba bien, así que me arriesgué a virar muy cerca del suelo y aquello comenzó a subir. El Oturia siempre a sido una ladera salvadora pues en forma de cono recoge casi todos los vientos del valle. Seguí subiendo despacio pero seguro ampliando los ochos hasta que aquello se convirtió en un franca térmica y pude virarla cerrado. Subía rápido y vi a Pepe que se había desplazado algo hacia el norte en dirección a Biescas a mi misma altura. Pronto nos reunimos de nuevo en la térmica que nos estaba arrastrando sobre las antenas que coronan el Oturia. El viento aquí era claramente NW lo que explicaba porque tiraban tan mal las laderas de Oroel y San Juan pues el viento les daba de perfil. Seguimos espiralando dejándonos arrastrar hacia el este y alcanzamos los 2200 metros, record del día. Allí se acabó la térmica y viento en cola entramos en el valle del Ara sobre Fiscal. Sin bajar mucho alcanzamos con otra térmica la altura de Boltaña y de ahí a la Peña Montañesa.

El viento parecía ahora del W y como la cara sur de la Peña siempre ha tirado muy bien, después de comentar la jugada fuimos por ahí. Craso error. Tuvimos la misma desagradable sensación que una hora antes en el sotavento de San Juan de la Peña, solo que aquí todavía era más salvaje el descenso. En pocos momentos perdimos casi 800 metros y como única solución planeámos a toda velocidad hacia el sur hacia los llanos que bordean el pantano de Mediano al este de Ainsa. Volvíamos a estar contemplando prácticamente las margaritas. Nos habíamos separado algo y Pepe me dijo por la radio que estaba viendo aterrizar un velero en un rastrojo. No era yo pero poco me faltaba.

Maldiciendo mi estupidez por haber elegido la vía del sur de la Peña Montañesa cuando todo el día había soplado viento norte logré por fin centrar una térmica sobre el llano. Era floja pero a 200 metros de los olivos no se pude ser remilgado. Con mil metros vi a Pepe virar cerca y nos reunimos de nuevo. Estábamos a 20 kms de Campo y por lo que faltaba merecía la pena intentar llegar. Curiosamente en el llano el viento volvía a ser un poco del W y nos empujaba. Con prudencia ganamos altura al final de la cresta que desde la Peña Montañesa baja hacia Campo y nos dirigimos a hacer la foto. Al dejar la cresta todo bajaba muy aprisa ,así que tras virar Campo a las 17,41h. intentamos salir del valle hacia los llanos que se veían en dirección SW pero el descenso continuaba y al final nos detuvimos en una ladera baja bien orientada al viento pero cruzada en diagonal por una línea de alta tensión. Crucé la línea justo por encima pero Pepe se quedó al otro lado. Estuvimos muy bajos, mas de veinte minutos esperando que pasara algo, haciendo ladera cada uno en un lado de la línea. Cerca del suelo siempre se suda mas por diferentes motivos. Primero porque hace mas calor y después porque ver el paisaje desfilar tan cerca de uno no es nada refrescante. Eran casi las seis de la tarde y llevábamos cerca de cuatro horas de emociones fuertes. Recuerdo muy bien que tenía la boca seca y que hasta ese momento no había tenido tiempo ni de beber.

Por fin sucedió algo. Unos trescientos metros delante de mí despegó del borde de la ladera un bando de buitres. Debían llevar un buen rato viendo nuestras evoluciones y quisieron darnos una lección. El bando empezó a espiralar casi de inmediato y yo no podía creerlo. Me dirigí hacia ellos y ¡zas! allí estaba una hermosa térmica de 2m/s. “Pepe, ven aquí que sube”. Pepe dudó un poco pero cuando le hablé de buitres pasó por debajo de la línea a ras de ladera y pinchó la térmica casi rozando las carrascas. Era la térmica del día. Tanto los buitres como nosotros la habíamos esperado durante mucho tiempo. Ver un variometro a 4 m/s después de tanta penuria te parece mentira. El suelo se iba alejando con rapidez y el horizonte se expandía y ya volvíamos a ver los altos picos después de estar bajo ellos todo el día. Comprobé mas tarde sobre el mapa que la térmica había salido delante de un pueblecito que se llama Tierrantona y que nos encontrábamos a unos 35 km. de nuestro tercer punto, Benabarre- aeródromo. A 2750 mts nos despedimos cordialmente de los buitres prácticamente viendo Benabarre, y con viento aparentemente de cola planeamos sin sobresaltos hasta la línea del aeródromo que a esa altura parecía una rayita en el suelo.18.33h
Como cambian las cosas según la perspectiva. Ahora solo nos quedaba la tarea de intentar volver a casa con el viento de cara. Hasta El Grado no pinchamos nada bueno pero de allí en adelante las laderas sur de Guara restituían la energía almacenada durante todo el día y además allí el viento era claramente W, por lo que pudimos avanzar a un ritmo aceptable hacia Monflorite. Nos parecía imposible poder regresar después de un día así. Hacía muchas horas que no estábamos en la frecuencia del campo y no nos habíamos enterado que casi 20 veleros habían tomado fuera de campo al sur de Guara y que éramos los únicos que seguíamos en vuelo.

A las 19.15 h. llegábamos a la altura de Monflorite sobre la sierra de Guara. Nos planteamos que hacer. Seguir el circuito e intentar cerrarlo, nos faltaban casi ochenta kilómetros, o regresar tranquilamente a casita. Discutir con Pepe en temas de vuelo es difícil y así me convenció de que seguiríamos un poco mas probando el terreno y si la cosa no tiraba volvíamos a casa. Pero como suele suceder, cuando quisimos darnos cuenta estábamos a setecientos metros y a diez kilómetros del punto que era la pequeña presa de Ardisa. Acordamos que ya que habíamos llegado hasta allí haríamos la foto y después buscaríamos un campo donde aterrizar si hacía falta. Por allí campos no faltaban. El viento en Ardisa rizaba fuertemente la superficie del pantano y marcaba dirección W. Con poco mas de seiscientos metros viramos en Ardisa 20.18h y sobre el papel nos faltaban como mínimo otros trescientos metros para poder llegar a Monflorite. A las ocho y cuarto de la tarde pensar en encontrar una térmica era muy optimista y nos limitamos a seguir a máximo planeo en dirección a Huesca que cada vez nos parecía mas alta y lejana. Curiosamente bajábamos muy poco y con el viento en cola el terreno pasaba deprisa. De todos modos al cruzar la carretera de Zaragoza yo no me atrevía a mirar al altímetro porque temía deprimirme. Cambié de frecuencia y carraspeando pues tenía la garganta muy seca, llamé a Monflorite sin obtener respuesta. En ese momento Pepe me adelantó acelerando por mi izquierda y vi como se dirigía hacia la ladera sobre la que debía encontrarse el campo de Monflorite.”A donde vas tan deprisa Pepe, le pregunté?” Como estaba en otra frecuencia no pudo oírme. Me pareció notar algo y di un par de vueltas en un cero. Vi el avión de Pepe como se alejaba cada vez mas y finalmente se posaba en un campo al pié de la ladera de la Escuela. ¡Había aterrizado y ahora me tocaba a mi ¡. Como había quedado en el tercio inferior del campo pensé pasar sobre el y aterrizar mas arriba. Me aproximé despacio, observando el terreno y entonces mi variómetro empezó a pitar. “¡Mira!.. aquí tira” . Aceleré un poco mas y el variómetro seguía pitando, era curioso. Seguí acelerando y aquello subía , total que ya tenía delante de mi la ladera y yo iba casi a 150 y no era cuestión de dársela contra el paisaje así que tire un poco de la palanca y continué subiendo como una flecha empujado por el viento de ladera y por alguna misteriosa burbuja que quizá se desprendió entonces. Crucé el margen superior de la ladera como una exhalación con tiempo suficiente para ver a mis compañeros, que al parecer nos habían visto llegar, alineados en el borde saltando y agitando los brazos. Delante de mi surgió como por encanto la pista de Monflorite, iba viento en cola con la rueda dentro y a 140 kms/h. Tuve el tiempo justo de sacar rueda, frenos, flaps, tocar el suelo , rodar los casi mil metros de pista y detenerme al final cerca de las carrascas en medio de una nube de polvo. Había llegado.

Cuando todo se paró se hizo el silencio. Apagué el master de los instrumentos, abrí la cabina y con manos temblorosas me solté el paracaídas. Solo me recibió el canto de los pájaros. Me parecía irreal estar allí sentado tranquilamente con la cabina abierta, respirando el aire tibio de la tarde después de haber recorrido tantos kilómetros y haber pensado tantas veces durante aquel largo vuelo que no podría regresar. El ruido de un motor y unos gritos que se aproximaban me hicieron volver a la realidad. Jordi Mur bajando de una destartalada furgoneta hizo una prolongada reverencia.

Mis compañeros venían a buscarme.


Jesús Broto

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