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El Aeroclub Nimbus se traslada a Jaca

Escrito por Junta Directiva AC Nimbus el . Publicado en Noticias

El pasado sábado, la Asamblea del Aeroclub Nimbus, reunida en sesión Extraordinaria, tomó la decisión de trasladar su base de operaciones al Aeródromo de Santa Cilia y abandonar el lugar en el que una vez estuvo el Aeródromo de Monflorite-Alcalá, actual Huesca-Pirineos de la red de aeropuertos de Aena.

Esta difícil decisión ha sido largamente madurada e incluso aplazada todo lo posible con objeto de agotar todas las posibilidades de mantener alguna actividad del club en su sede histórica, como hubiera sido el deseo de una parte de los socios, o incluso de la mayoría, de haberse dado circunstancias bien distintas a las que hoy conforman la realidad y las expectactivas futuras de estas instalaciones. El fin del vuelo a vela en Monflorite se escribió el día en que empezaron las obras del aeropuerto, probablemente incluso bastante tiempo antes, cuando por las razones que fuere, se decidió no seguir el Plan Director que ordenaba diseñar y construir un aeródromo en el que fuera posible compatibilizar la actividad deportiva con la comercial. Una vez desoído este mandato comenzó una inexorable cuenta atrás que iba marcando los días que restaban a la actividad histórica.

Lejos quedan los tiempos en los que Aena, reconociendo el error, prometió a Nimbus buscar la forma de paliar los daños y ayudar al establecimiento de una nueva sede, como solución más económica e idónea para ambas actividades. En ese momento todavía se pensaba que Huesca-Pirineos tendría la actividad para la que había sido realmente concebido -el tráfico de pasajeros-, y era evidente que con el diseño del aeropuerto la compatibilidad no sería ya posible. Desgraciadamente estas promesas no llegaron nunca a ponerse en negro sobre blanco, y fueron perdiendo fuerza a medida que los equipos directivos del ente aeroportuario iban cambiando, y la triste realidad de la flamante instalación se iba poniendo de manifiesto.

La falta de actividad comercial bien podría haber sido un factor que suavizara los errores de diseño, pero lejos de ello la actitud de la dirección del aeropuerto siempre estuvo lejos de facilitar el vuelo sin motor, aplicando con exceso de celo una normativa que sin duda tiene toda la lógica cuando un aeropuerto tiene actividad, por pequeña que sea, pero que raya en lo absurdo cuando esa actividad es inexistente. En lugar de ello el Aeroclub Nimbus y el vuelo a vela, los únicos usuarios regulares durante estos años, hemos sido testigos directos de este despropósito y lejos de disfrutar de alguna clase de privilegio por razón de la escasa actividad hemos sufrido hasta el acoso por las más nimias discrepancias con esas normativas, que no hacen si no poner en evidencia esa incompatibilidad de actividades, que al no ser reconocida tampoco es susceptible de recibir una solución.

Así se ha construido todo un entramado de operaciones particulares, procedimientos y definiciones que al final resultan contradictorias y que lejos de consolidar la operación deportiva sólo la hacen más insegura, llegando a colocarnos en una muy difícil situación legal. El último de estos despropósitos es el procedimiento que prohibe el uso de la pista deportiva por aeronaves de patín de cola y/o escuela, seguido de la afirmación de que "los planeadores no son aeronaves", y que ante la decisión del Aeroclub, la dirección del aeropuerto se apresura a decir que es posible revisar. Este es un buen ejemplo de la inseguridad jurídica de nuestra actividad, unido a la propia auto-auditoría de Ineco que reconoce que para los operadores del AFIS la operación con planeadores "aumenta el estrés", o sea que también podríamos estar hablando de aumento de la inseguridad física, y todo ello sin prácticamente actividad.

Con todo, esto último no es más que la gota que colma un vaso que empezó a llenarse hace más de seis años, y que ha ido deteriorando de forma irreversible nuestra actividad. En 2005 éramos el primer club de España, por número de socios y sobre todo por número de horas de vuelo, y esa actividad nos permitía participar en proyectos transfronterizos que traían más pilotos a nuestro campo, generando una actividad y un interés que justificaba ayudas institucionales con las que pudimos acceder al más moderno y competitivo material de vuelo. A partir de 2006 esas cifras han ido cayendo dramáticamente hasta llevarnos prácticamente a la bancarrota. Sin duda hay otros factores que en estos años han influido en la caída de la actividad, pero hay una tercera inseguridad que hace imposible la recuperación, y es la de poder continuar con la operación misma, por razones ya puramente económicas, en un entorno que estrangula por completo cualquier posibilidad de desarrollo, aunque sólo sea por la pura lógica de que sus fines son radicalmente opuestos al los perseguidos por nosotros.

Durante casi todo este tiempo hemos vivido con un objetivo que ha mantenido la esperanza: La posibilidad de trasladarnos a un nuevo aeródromo concebido de forma exclusiva para el vuelo deportivo en todas sus variantes, con un coste mínimo y un considerable retorno para la sociedad. Ese proyecto casi llega a materializarse en Bolea, pero todos los factores han confluido para que de momento se quede aparcado.

En este contexto sólo nos queda una salida natural, el aeródromo de Santa Cilia. El debate en el seno del club sobre la mayor o menor idoneidad de este aeródromo con respecto a Monflorite es inevitable, pero lo cierto es que ya llevamos muchos años compaginando la actividad en ambas bases, ciertamente para aprovechar lo mejor de una y otra según las épocas, pero en este momento la elección es a un nivel mucho más básico, ahora se trata de la viabilidad misma de la actividad y de nuestra existencia como club.

Los tiempos son difíciles y Santa Cilia también pasa por dificultades. Está en un momento de cambio, pero se trata de una instalación concebida para el vuelo deportivo, en la que su propietario y gestor, Turismo de Aragón en este momento nos recibe de forma no sólo amigable, y no sólo como los clientes que hemos sido hasta ahora, sino como socios tecnológicos dentro de una estructura cuyos costes se pretende optimizar, pero siempre con objetivos que convergen y son cien por cien compatibles con nuestra actividad, muy al contrario de lo que sucede en Huesca-Pirineos.

La decisión está tomada. Con ella se pone punto y aparte a una tradición de casi cien años, a una actividad continuada de más de 75, pero no un punto final. Y sobre todo no para el Aeroclub Nimbus. El vuelo a vela sale provisionalmente de la Hoya, pero se potencia en la Jacetania y se mantiene viva la llama en Huesca. Ojalá un día podamos volver a plantearnos tener dos bases. Igual de deseable sería poder cubrir con el futuro aeródromo de Bolea el hueco que deja aquel viejo aeródromo de Monflorite en la red de aeródromos deportivos del Pirineo, y que sin duda ayudaría a presentar la cordillera en su conjunto como una alternativa real y de calidad al vuelo a vela en el macizo alpino, y que además pudiese ser compatible con un deseable prometedor futuro para el aeropuerto de Huesca, pero hoy por hoy creemos que se ha tomado la decisión más razonable, intentar reubicarnos en una sede amigable donde Nimbus puede recuperarse de sus graves heridas y al mismo tiempo colaborar en buena medida al mantenimiento y desarrollo tanto de la actividad deportiva aeronáutica como turística en la vecina comarca de la Jacetania. No estaremos tan lejos.

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